Al atardecer cuando Frodo, mi perro fiel, y yo caminábamos por el bosque, encontramos un pino entrado en años, recién talado. Su tronco rezumaba sabia, lo que indicaba que hace poco que un leñador había pasado por allí y lo había talado. Sus ramas y piñas, yacían a un lado, inertes. Su tronco sufría una gran inclinación sobre el camino, y las raíces habían desplazado el suelo al que el se sujetaba. Tal vez se dejó morir? Tal vez decidió, que su tronco encovado sobre el camino, no podría aguantar el peso de sus ramas creciendo a través de los años.
Me despedí de él, lo honré y le agradecí la sombra y el cobijo que me había proporcionado todos estos años en mis largos paseos. Cuando continuaba mi camino, a lo lejos se acercaba el leñador con su pequeño carro, a recoger los restos de mi pobre hermano arbóreo. Calentaría con ellos su hogar, en el rudo invierno que está por llegar, y así volvería el hermano árbol a la tierra de donde nació, ...... fuego y ceniza.

